Cómo explicar la muerte de un ser querido a un niño

A lo largo de la vida, existen situaciones complicadas como la pérdida de un ser querido, siendo un momento desagradable y complejo para los adultos. Pero ¿y para los niños?

Esta cuestión hace que se esconda y se evite comunicárselo a los niños y cuando se hace, no se tienen las suficientes herramientas para enfrentar la explicación de la muerte a los hijos, intentando causar el menos sufrimiento posible.

La muerte se ha convertido en tabú. No hablar de ella es como si no existiera, y lo que no existe no puede causar dolor.

Sin embargo, a pesar de tener ese pensamiento, la realidad es muy diferente, y la ausencia de naturalidad al hablar de la muerte, el cubrir o engañar sobre ella y la falta de explicaciones, hace que el malestar en los niños se acrecente, apareciendo miedos, dudas, y reconstruyendo las lagunas con el pensamiento mágico que les caracteriza, dificultando el duelo y su relación con la muerte.

Algunos consejos para explicar la muerte de un ser querido a un niño

1.Ten en cuenta la capacidad de comprensión  y adapta tu lenguaje

Es importante considerar la capacidad cognitiva del niño y no tanto en la edad cronológica, aunque normalmente van de la mano. Hay niños de 5 años que entienden muchas cosas y niños de 10 años que requieren explicaciones más claras y sencillas.

Lo niños pequeños tienen un pensamiento más concreto, por lo que tienen dificultades para asimilar los conceptos abstractos. Por lo tanto, ten cuidado con las metáforas, ya que los niños interpretan de manera literal:

“el abuelito se ha quedado dormido en un sueño maravilloso y profundo”

2.Haz hincapié en que la muerte es irreversible

Tanto las películas de dibujos (como Frozen, Blancanieves, la bella y la bestia…), los videojuegos y las expresiones o explicaciones que utilizas hacen que la muerte adquiera un valor de reversibilidad.

Respecto a los videojuegos y las películas, tienes que explicarle que eso es fantasía y por tanto la muerte puede ser así dentro de ese mundo de magia y ficción, pero que en la vida real eso no ocurre, ya que cuando las personas se mueren no vuelven a vivir.

En cuanto a las expresiones que en ocasiones utilizas, tales como:

“el abuelito se ha ido al cielo”, “el abuelito se ha ido de viaje a otro lugar mejor”

ante la dificultad de explicar que el abuelito se ha muerto, el niño puede interpretar que la muerte es temporal, es breve y luego se puede volver a la vida. Si el abuelito ha subido al cielo puede bajar alguna vez, si al abuelito se ha ido de viaje puede volver en algún momento o incluso existe alguna vía de comunicación para poder hablar con él.

Esto complica las conversaciones y los conceptos que los niños tienen respecto a la muerte, provocando confusión y malestar, y generando esperanzas.

Para ello, es importante que le expliques “el abuelito se ha muerto y no va a volver”

No pasa nada si aún el niño, necesita tiempo para comprender la irreversibilidad, ya que lo irá integrando cuando llegue el momento, pero habrás facilitado parte del camino, aproximándoles a la idea.

3. Utiliza la palabra muerte de manera abierta y explica que es universal

No tienes que tener miedo al utilizar la palabra muerte, ya que es un concepto que forma parte de la vida y que hay que familiarizar a los niños con ella. Esto ayuda a que se asimile mejor que la persona fallecida no la volveremos a ver más.

Es importante que los niños entiendan que todos los seres vivos van a morir en algún momento de la vida, aunque esto se vea como algo muy lejano o se piense que solo le pasan a los demás.

Tienes que ser precavido al comentar que la muerte solo tiene lugar en personas ancianas o enfermas:

“No te preocupes, esto solo les pasa a las personas mayores, yo soy muy joven y no me voy a morir, siempre voy a estar contigo, te lo prometo”

No puedes prometer cosas que no vas a poder cumplir.

Ante preguntas y dudas como

“¿tu también te vas a morir como el abuelito?”

Tienes que tener cuidado al transmitir esta idea y no hacerlo de una manera tajante, sin añadir algún tipo de explicación, ya que el niño podría asustarse, pues el concepto del tiempo no está aún muy desarrollado, y puede pensar que va a suceder de inmediato.

Por lo que la respuesta debería ser del tipo:

“sí cariño, todos nos moriremos en algún momento, pero cuando pase mucho mucho tiempo” “me moriré cuando tu seas bastante mayor y no me necesites como ahora”

Es cierto que cuando le dices que será dentro mucho tiempo cuando tú te mueras, no es del todo verdad, ya que no puedes saber lo que te deparará mañana el futuro, pero por regla general y siguiendo las leyes de la naturaleza, seria así. Al igual que si te pregunta:

“¿mamá, yo me voy a morir igual que el abuelito?”

Debes evitar responder con evasivas:

“cariño, que tonterías dices, no pienses en esas cosas que eres muy pequeño”

Puedes dar una respuesta del tipo:

“Sí cariño, pero dentro de muchos muchos años, al igual que todos”

Una vez comprenda que todos moriremos, reconocerá que la muerte no es selectiva.

4. Di la verdad y no ocultes información

Es recomendable que le anuncies al niño el fallecimiento lo más próximo posible a su ocurrencia. En caso de ser una muerte previsible, tendrás que hacerlo de manera gradual para ir preparándole.

Lo ideal es que la noticia se la deis los padres o las personas más allegadas al niño, pero si por alguna circunstancia esto no pudiera darse, tendría que ser alguien con el que tuviera gran afecto y confianza, independientemente del parentesco.

No le transmitas la información de golpe, ve guiándote en base también a sus preguntas y comentarios.

5 .Aclara las funciones del cuerpo después de la muerte

En la mayoría de las ocasiones, se habla de las personas fallecidas como si estuvieran vivas, con el fin de aliviar la angustia del niño y decirle las cosas de una manera suave.

“el abuelito se ha ido, pero estará viéndote desde el cielo, él te cuidará desde allí” “Puedes contarle cuando tengas preocupaciones, él te estará escuchando”

“el abuelito está muy contento por tu premio”

Este tipo de expresiones confunde al niño, generándole incluso temor al hecho de pensar que la persona fallecida puede aparecer para hablarles en cualquier momento, lo que incrementa las situaciones normales en estas circunstancias, como el miedo a dormir solo o a dormir con la luz apagada.

Por tanto, es fundamental que le expliques que cuando las personas mueren, no pueden escuchar, no pueden ver, no pueden hacer cosas que antes hacían como leer, ya que el cuerpo se ha parado y no tienen esas funciones.

Sin embargo, sí le puedes decir que están vivas en nuestro recuerdo y en nuestro corazón, y por lo tanto estarían orgullosos de nosotros si ellos pudieran vernos.

6. Dale explicación de la causa de la muerte

Es necesario que les digas la causa que ha provocado la muerte en la persona fallecida. Como siempre teniendo en cuenta la edad, siendo concretos y evitar detalles que no aporten más que morbosidad.

Expresiones como:

“dios siempre se lleva a los más buenos, como tu abuelito”

“el abuelito tuvo un accidente”

“se quedó dormidito”

“se puso malito y la enfermedad lo mató”

Hacen que los niños piensen que su comportamiento ha podido influir en lo ocurrido, o que el hecho de estar malito, algo que ocurre a menudo, hace que se puedan morir o que los accidentes de cualquier tipo o el hecho de dormir puede provocar la muerte.

Es importante, por tanto, que te centres en el ámbito físico, explicándole por ejemplo que “el abuelito se ha muerto porque el corazón se paró y dejó de latir, y eso significa que ya no le vamos a ver más, ya no puede hablar, ni ver, ni oír” “pero podemos recordarle a través de nuestras experiencias, de las fotografías y de hablar sobre las cosas que tanto le gustaban”

7. Ten en cuenta los matices religiosos

Si se da el caso, puedes enfocar el fallecimiento desde el ámbito religioso, pero siempre después de haber aclarado la causa de la muerte, principalmente desde el lado físico. De esta manera, lo religioso tomará la función de creencias para organizar y elaborar el recuerdo. Por ejemplo, el cielo:

“ya no está aquí, no vamos a poder verle, pero me gusta recordarle en las cosas que él hacía con todos nosotros. Me gusta pensar que está en el cielo, y me gusta imaginarlo con su bata y todos sus libros, disfrutando de la lectura en su sillón gigante. Y a ti, ¿cómo te gustaría imaginarlo?”

“Si te parece el cielo puede ser un sitio para poderle recordar y yo me voy a imaginar que ese cielo estará lleno de libros y será la biblioteca del abuelito”

8. Sincérate en aquello que no tienes respuesta

En estas circunstancias te encontrarás con situaciones en las que los niños, seguirán haciendo preguntas, muchas de las cuales también nosotros nos cuestionamos. Si no tienes la respuesta a ellas, sé sincero y coméntale que no lo sabes.

“mamá y ¿qué pasa después de la muerte?

“No lo sé cielo, hay cosas que no se saben”

O dile si quizá hay otra persona que pudiera saberlo y que os explicará esa cuestión.

9. No escondas tus emociones

Es bueno que el niño vea las emociones que estás sintiendo, sin miedo a que él lo pase mal. Es natural tener esos sentimientos ante este tipo de sucesos. Tienes que enseñarle a expresar y no esconder si lo necesita, a hablar de lo que se siente y de lo ocurrido.

Tiene que comprender las diferentes emociones que aparecen ante el duelo (enfado, tristeza, en ocasiones alivio, etc).

Esto hará que el niño no construya su propia historia de lo ocurrido, y se angustie al no saber qué está pasando.

Sin embargo, intenta proteger al menor de emociones desbordadas, para evitar que le genere pánico. Recuerda, que los niños tienden a regular sus emociones en función de la de los padres.

10. Dale espacio para que se exprese y tranquilízale acerca de los cambios

Hablar de lo sucedido, responder a sus preguntas y darle ese espacio para que exprese lo que siente en el momento, sin interrupciones, es importante para el desarrollo del duelo, independientemente de si te resulta incómodo.

Una de las mayores preocupaciones del niño es saber quién le va a llevar al colegio, quien le va a cuidar ahora, si va a poder seguir yendo al mismo colegio, si seguirá viviendo en la misma casa, si podrá celebrar su cumpleaños, etc.

Hazle saber al niño que su mundo seguirá intacto, con los menos cambios y afectaciones posibles, dándole seguridad.

11. Da aviso de lo ocurrido en el entorno del niño

Para que comprendan la aparición de conductas relacionadas con el duelo en el niño, es fundamental que comuniques en el colegio y en otros ámbitos del menor la pérdida , ya que es dónde pasan mayor tiempo durante el día, y facilita la comprensión de dichas conductas dentro de un contexto.

12. Haz partícipe al niño en los rituales

Los estudios establecen que lo niños pueden empezar a ser partícipes a partir de los 6 años. Sin embargo, no existe una edad concreta para determinar si el menor debe o no debe participar en los acontecimientos de despedida, ya que depende de varios factores.

No obstante, tienes que tener en cuenta el momento evolutivo y la forma de ser y de reaccionar del niño. La decisión principal debe ser del menor, sin obligar a que participe o interrumpiendo la actividad si así lo desea.

Aun así, es importante que participe de alguna manera, si no es presencial, a través de dibujos o de acciones que pueda hacer el pequeño para sentirse participe y poder despedir al fallecido.

Debes explicarle cuales son los ritos establecidos y el objetivo que tienen cada uno de ellos, de cara a homenajear o dar el último adiós a la persona fallecida. Explícale que va a ver allí, que va a escuchar, etc.

Intenta estar con él en todo momento, actuando como contención y figura de seguridad, si así pudiera ser.

“A veces las personas se van para siempre y nadie sabe decirte donde están.
Y necesitas encontrarles un sitio nuevo en el que puedan estar (un sitio que no sea tan lejano como las estrellas) y no tener la sensación de haber perdido algo del todo.

Y piensas que quizá pueden estar en el mismo lugar donde estuvimos antes de nacer, que, aunque no lo recuerdo, no me parece un sitio triste. Pero también siguen estando en tu cabeza, cuando cierras los ojos y los recuerdas como eran, en las fotografías (en las que los niños siempre somos más pequeños y los mayores son más jóvenes), en el olor de los sitios a los que ibas con esas personas y en el de algunas cosas…siguen estando contigo, y en ti, de muchas formas. Y cada vez sientes menos pena, a pesar de que no los olvidas

Pero nunca se van del todo, porque aquello que nos han dado es nuestro para siempre”. (PARA SIEMPRE, Camino García) .

Artículo realizado por Eva Torreblanca Vacas

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Rosa Maria Luna Arroyo.
Nº Colg. M 24056

Master en Psicología Clínica y de la Salud (UCM).
Licenciada en Psicología especialidad de Clínica. UCM.

Teléfono: 688 955 546

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