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Las rabietas ¿qué son? ¿cómo gestionarlas?

Las rabietas son un motivo de consulta muy frecuente en terapia.

Los padres y cuidadores queréis aprender a gestionar estos momentos tan incómodos que os generan preocupaciones como ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Estará mi hijo/a sufriendo? ¿Le estaré consintiendo? ¿Estaré siendo demasiado duro con él/ella?

Las rabietas son esas explosiones donde el niño parece muy airado y rabioso, donde pierde el control pudiendo llegarse a hacer daño, romper cosas o hacer daño a aquellos con quienes están.

Lógicamente, es un motivo de preocupación especialmente porque las rabietas son muy «escandalosas»

Lo primero que quiero decirte es que las rabietas son totalmente normales, de hecho forman parte de un proceso evolutivo de tu hijo/a, quien no tiene recursos para regularse ni a nivel emocional, ni físico, ni cognitivo.

La segunda buena noticia es que este momento puede ser una oportunidad para vincularte más a tu hijo/a, haciendo que genere aprendizajes como que su mamá/papá/cuidador le quiere incondicionalmente, va a cuidar de él/ella cuando más lo necesite y que después de sentirse mal, uno puede sentirse bien.

¿Cómo funciona el cerebro del niño?

Me gustaría recomendarte dos libros si este tema te interesa, porque son maravillosos.

«El cerebro del niño» y «Disciplina sin lágrimas» de los autores Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.

Estos autores explican fenomenalmente como aunque el cerebro funciona como un todo, si que se aprecia el funcionamiento diferenciado de sus áreas. El objetivo es conseguir que la información se procese de manera integradora.

«…la idea básica es que el cerebro izquierdo es lógico, lingüístico y literal, mientras que el cerebro derecho es emocional, no verbal, experiencial y autobiográfico. (….) Desde el punto de vista del desarrollo , en los niños muy pequeños predomina el hemisferio derecho, sobre todo durante los primeros tres años»

Para relacionarnos con los demás y con uno mismo de manera más adecuada, el objetivo es integrar el funcionamiento de ambos hemisferios, que las experiencias vividas se procesen haciéndolos funcionar conjuntamente.

Respecto a nuestros hijos, el objetivo será ayudarles a ellos a alcanzarlo. Para ello, podemos ayudar a nuestros hijos a procesar la vivencia animando a expresarla como sucedió y además, añadiendo la expresión de las emociones y sentimientos que esta le generó.

Ahora veamos el cerebro de abajo a arriba:

Abajo está el tronco cerebral y el sistema límbico, zonas inferiores más primitivas y que se encargan de funciones básicas, impulsos y emociones fuertes.

El cerebro superior se compone de la corteza cerebral. Es más evolucionado y controla parte del pensamiento analítico

Citando a Siegel y Payne «…así como el cerebro inferior está plenamente desarrollado ya al nacer, el superior no alcanza la madurez completa hasta bien pasado los veinte años.»

Conocer esto nos ayuda a comprender que con frecuencia esperamos de nuestros niños pequeños actitudes y conductas que dependen de una parte de su cerebro que no está del todo desarrollada.

¿Qué sucede en las rabietas?

En estos casos, el niño está tan alterado que no tiene la capacidad de usar el cerebro superior.

Hablamos de un «secuestro emocional» donde el niño expresa su malestar de una forma emocional e instintiva. No es capaz de razonar en ese momento.

De una forma muy equivocada en mi opinión, antes se animaba a los padres a extinguir este tipo de respuestas. A no atender esa llamada de ayuda.

Y esto es lo que tenemos que comprender. El niño está sufriendo. Hay un sufrimiento real para él o ella, aunque para el adulto el motivo no sea suficiente o importante, para nuestro hijo sí lo es.

Es al comprender esto cuando tenemos la oportunidad de conectar con nuestro hijo y ayudarlo a tranquilizarse, brindándole de este modo la oportunidad de aprender recursos adecuados para gestionarse él mismo.

Si te cuesta aceptar esta premisa, piensa en la cantidad de veces que como adulto te has sentido incomprendido en tu dolor, pero tu dolor era muy real. Lo que no has necesitado es a tu gente dándote la espalda y aislándote, sino que te reconfortaran y te hicieran sentir su cariño incondicional.

¿Qué no hacer en una rabieta?

  1. No dejarle solo, lo interpretará como un abandono en su sufrimiento
  2. No gritarle, ni pegarle. Ninguna violencia sobre el niño le enseñará jamás nada a parte de que tú no eres alguien en quien buscar cuidado.
  3. No ridiculizarle ni menospreciar su malestar
  4. No sermonearle, no lo va a procesar en ese momento y puede generar aún más frustración

¿Qué hacer en una rabieta?

  1. Anticiparnos en la medida de lo posible. Emociones como hambre o cansancio pueden ser un detonante para las rabietas. Si conocemos los hábitos y circunstancias de nuestros hijos podemos intentar anticiparnos muchas veces
  2. Cuidarnos a nosotros mismos para poder cuidarles. Buscar la calma y el sosiego para poder acompañar. Si esto te resulta difícil, quizá haya algo que debas trabajarte de manera personal.
  3. Respetando sus necesidades, mantener un contacto cálido corporal y a la hora de expresarnos, con amabilidad, serenidad y dulzura. Asegúrate de estar a su altura y resultar accesible . Por ejemplo: abrazarlo (cuando él esté receptivo) y expresiones del tipo «cariño, siento mucho tu enfado, llora lo que necesites, papá está contigo hasta que te encuentres mejor»
  4. Ponle nombre a lo que siente
  5. Se firme en tu decisión. Se puede ser firme y amable, y de hecho esa es la combinación deseada
  6. En la medida en la que vaya mostrándose más receptivo puedes ofrecer alternativas que para ti estén bien. «Lo siento cariño, no puedes ir en pañal a la calle pero puedes ponerte el pantalón de perritos o el azul que tanto te gusta»
  7. Cuando el niño esté sereno, repasad juntos lo que ha sucedido y cómo se ha ido sintiendo , ayudando a integrar la información y el aprendizaje de como después de haberse enfadado/frustrado mucho, ha sido capaz de sentirse mucho mejor

Si entiendes que no tienes recursos para acompañar a tu hijo de una manera positiva y amable en este proceso evolutivo, o que la situación te supera y te agota, no dudes en pedir cita con un psicólogo infantil

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